viernes, 6 de junio de 2014

LA CIUDAD Y EL RÍO. GRANDES PANORÁMICAS (I)

Lo bueno de hacer mudanzas y desempolvar viejos libros, es que te encuentras con algunos que hablan sobre curiosidades de la ciudad de Córdoba, y que tan bien viene para ampliar el blog de nuestra Herencia Cultural Cordobesa.

Pues bien, en uno de ellos se habla de Anton Van de Wyngaerde (también conocido como Antonio de las Viñas o Antonio de Burselas, mucho más fácil de recordar, dónde va a parar) y de uno de sus dibujos a plumilla donde dejó reflejado el perfil de la ciudad de Córdoba. Se trata de una panorámica y lo verdaderamente (acojonante) increíble, no es sólo que sea la primera panorámica de la que se tenga constancia, si no que aparecen numerosos elementos arquitectónicos, muchos de ellos desaparecidos o en su estado primitivo.







Es curioso que en las fechas en las que se dibuja a Córdoba, en torno a 1567, se puede apreciar el urbanismo y la topografía claramente islámica de la que es heredera la ciudad, pero también un incipiente Renacimiento en lo que serían las casas-palacio señoriales, típicas de la nobleza o de la burguesía de la ciudad, pudiendo observar en el dibujo unas construcciones con galería-mirador enmarcada en arcadas en su planta alta.



En este tipo de panorámicas siempre van a aparecer los mismos elementos: el puente, el río, la iglesia mayor, los alcázares o las murallas que protegen y separan los arrabales del resto de la ciudad, como clara muestra de ese urbanismo heredado de época islámica. López Ontiveros, por ejemplo, dijo de nuestra ciudad: "La Córdoba de los siglos XIII al XX  y la actual Córdoba antigua (...) ha heredado de la musulmana su trazado callejero, su fisonomía y su esencial estructura".

Lo que hizo Anton Van den... Antonio de las Viñas, es ofrecernos una visión monumental de la ciudad, sin dejar de reflejar la trama urbana, porque el artista es fundamentalmente un topógrafo y naturalista, y como tal está acostumbrado a dibujar los paisajes urbanos.

Sabemos que esta lámina fue un encargo por parte de Felipe II, entre otras muchas para recabar con todo un elenco de litografías de otras ciudades españolas, para decorar los muros interiores del Palacio del Pardo. En ella podemos observar la excepcional panorámica que dibujó de la Campiña, a la altura del Campo de la Verdad, tras las que se deja ver todo el tramado urbano, con un gran edificio en el centro y a donde se dirige nuestra vista: la gran Mezquita Aljama.

La ciudad que pinta en 1567 es una urbe con una gran población y a la que hay una intensa actividad económica basada en la labor de los paños, sedas, cueros, curtidos, etc., que le dan un importante dinamismo económico, además de distribuir a toda la población en diferentes barrios o collaciones dentro del perímetro urbano y que son las que aparecen en el primer término del dibujo, junto al río, que asume así también una vértebra económica de las actividades artesanales que se llevarían a cabo.

Bueno, pues como hemos dicho anteriormente, en primer término aparece el Campo de la Verdad, a extramuros, introduciéndonos una perspectiva urbana formada por caseríos y gentes realizando labores agrícolas.



En el centro de la panorámica podemos observar un gran edificio, que un autor posterior lo describe como Ubi Carnes Veduntur (donde la carne es vendida) y parece estar situado en el actual Colegio Rey Heredia. En el lado derecho y saliéndose ya de la estampa, podemos observar la Iglesia del Espíritu Santo, que en esos momentos no era parroquia.




La Calahorra aparece inconclusa, bien porque estaba en ruinas en esos años o bien porque el artista se tomó esa licencia pictórica para poder hacer ver al fondo la noria de la Albolafia.



También aparecen un grupo de personas jugando a la petanca, mientras que caballeros y labriegos van camino al puente, tan importante para la historia de la ciudad.



En el puente podemos observar cómo en el pretil del mismo estarían ubicados unos salientes a modo de mirador, que se eliminaron en torno a 1789. Hacia la mitad del recorrido encontramos el humilladero de los mártires San Acisclo y Santa Victoria, pero no la estatua del Custodio San Rafael, puesto que ésta no se colocó hasta 1651.


El puente, de origen romano pero reedificado en época de Hisam I, nos llevará a la entrada de la ciudad por la Puerta del Puente, que antiguamente se denominaba de La Estatua, por haber una colocada en ese lugar. Si observamos la Puerta del Puente, podemos observar la importancia iconográfica del mismo, ya que tiene un estilo totalmente islámico, coronada de almenas y con arco de entrada.



En los laterales de los lienzos de la puerta, se situaban los dos accesos que daban paso, al oeste, a la Albolafia, donde la podemos ver en plena plenitud arquitectónica, sin las mutiliaciones que sufrirá a partir del siglo XIX. Su función primitiva era la de subir el agua desde el río hasta los Alcázares, pero la reina Isabel la Católica, mandó inutilizar su rueda porque le molestaba el chirrido que producía (ya apuntaba maneras con su animadversión hacia el agua). 


Y ya que hablamos de agua, no podemos dejar de lado el elemento que da sentido a la ciudad: el río, ya que se trata de la arteria vital para el desarrollo económico de la ciudad. En él podemos observar los molinos harineros que serían reconvertidos más tarde en batanes (no menos de once) y que serían propiedad del Cabildo Eclesiástico (ay, que la lío parda) o estaba en manos de la nobleza y que eran arrendados para cedérselo a mercaderes y artesanos. 




(Continuará...)


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