A raíz de un reportaje en un periódico sobre la navegabilidad del Guadalquivir a su paso por Córdoba, me dije: "y ¿por qué no escribir un post sobre ello?" Total, como siempre, en esta ciudad, parece que el Guadalquivir sólo existió en época romana y debió de convertirse en una especie de Ciénaga de los Muertos o en un elemento apestoso (que apestaba) tanto en épocas anteriores como las posteriores (donde siguió apestando a tenor de cómo se despachan, entre unos y otros, el uso y la importancia que tuvo el río en ciertos acontecimientos históricos).
Pero vamos por partes:
Se tiene constancia de que el río (como en muchos otros lugares) fue el elemento clave para el asentamiento humano desde la Prehistoria, y también tenemos constancia de que los prehistóricos serían antiguos, pero no tontos. A ellos les debemos que, al no tener tele, le dieran al coco para inventar desde el fuego, la agricultura, el arte, la pesca, la minería y, oh dios, la primitiva navegación. Ésta se plasmaba en una especie de canoas hechas a base de troncos de árbol cóncavos a manera de artesas o cajones invertidos (imaginaos a los prehistóricos de los Autos Locos o a los Picapiedra, pero en vez de ruedas toscas o los pinreles para coger impulso, un elemento estanco a la par que estable para poder hacerlo flotar sobre las aguas fluviales).


Y así llegamos a Roma, que viene buscando recursos agrícolas y mineros al rico Valle del Guadalquivir, asistiendo a los primeros portus o puertos fluviales donde se embarcaba la materia prima. Los grandes barcos llegarían a Hispalis (Sevilla) mientras que barcazas de calado menor remontarían el río hasta Corduba, e incluso hasta Jaén, siendo la primavera la estación preferida por ser la más estable en la navegación por el Guadalquivir. También sabemos por prospecciones y por fuentes escritas (ya lo menciona el artículo), que el portus de Corduba estaría situado en las inmediaciones del Alcázar, pero encontramos otros puntos donde también tendrían sus propios portus, como son los alfares donde se fabrican las ánforas para almacenar el aceite (la famosa Dressel 20) y que tan bien atestigua los restos del Monte Testaccio (ese gran basurero de envases oleicos) en Roma.

Uno de los portus más conocidos y que se puede visitar actualmente lo encontramos en la antigua Carbula, o para que nos entendamos, Almodóvar del Río, donde existía toda una concentración de dichos alfares que surtía a Roma de uno de sus bienes más preciados: el aceite, así como la plata de Sierra Morena a cambio de todo un elenco de productos manufacturados que llegaban de la capital del Imperio.
Aunque parece que hay una afluencia menor (o eso nos quieren vender), lo que sí es cierto es que en las etapas islámicas siguió teniendo importancia el río. En los primeros momentos, durante época emiral (siglos VIII-IX), se tiene constancia de la presencia de maestros de ribera, que vivían en la margen izquierda del Guadalquivir ya que, por entonces, el tráfico naval también sería internacional, sobre todo en pleno Califato (ss. X-XI).
En estas etapas islámicas, cabe destacar además, la proliferación de almunias o casas de campo que a veces llegaron a ser verdaderos palacios y que tenían una doble función: la explotación agropecuaria y el recreo. En ellas se han llegado a atestiguar el uso del agua para fines meramente recreativos, desde estanques, canales decorativos y zonas de posible embarque al río, como en la excavación que se realizó cerca de las pistas del aeropuerto, donde se documentó una estructura aterrazada que descendía al cauce original del río y que apareció cubierta de limos debido, seguramente, a una riada similar a la que hubo en 2010 (pero en el siglo XI y posteriores) y que anegó la zona de la vega. Esta almunia tenía además una particularidad: estaba situada justo enfrente de Madinat al-Zahra, centro político, económico y administrativo del Califato cordobés, lo que no es de extrañar pensar que también, esta almunia, podía hacer las veces de embajada y recepción de la nueva ciudad palatina de Abd Al-Rahman III, con toda la opulencia que esto pueda significar.
En los anales del propio Abd Al-Rahman III menciona varias ocasiones la navegabilidad y el buen uso que hacían de la navegación fluvial en época califal, tanto para cuestiones de transporte de materiales como la madera para la construcción de nuevos edificios:
Este monarca pidió que se dejase el paso de los buques, mandando al alcalde de Córdoba que fijase el espacio que tenía que existir para que éstas pasaran. El alcalde dio como regla para este espacio la anchura del arco de la Catedral, llamado Arco de las Bendiciones, que tenía una longitud de 28 pies y se determinó que la profundidad fuese de 6 pies. Este arco corresponde con la denominada ahora Puerta de las Palmas, y que antiguamente se llamaba de las bendiciones por el perdón que se concedía cuando se coronaba un nuevo rey (así que ya sabéis donde acudir a que os perdonen cuando coronen a Felipe VI).
La actividad fluvial se interrumpe casi por completo a raíz de las luchas de la Reconquista en la toma de Granada, por el temor a que los árabes usaran esta vía para hacer incursiones y saquear el interior. Ni siquiera con la toma de la ciudad en 1492, la actividad fluvial se restableció. Pero en 1528 se volvió a pensar en un proyecto a gran escala para devolver la navegación a Córdoba. Pero eso es otra historia, para el próximo blog...
(Continuará...)
Se tiene constancia de que el río (como en muchos otros lugares) fue el elemento clave para el asentamiento humano desde la Prehistoria, y también tenemos constancia de que los prehistóricos serían antiguos, pero no tontos. A ellos les debemos que, al no tener tele, le dieran al coco para inventar desde el fuego, la agricultura, el arte, la pesca, la minería y, oh dios, la primitiva navegación. Ésta se plasmaba en una especie de canoas hechas a base de troncos de árbol cóncavos a manera de artesas o cajones invertidos (imaginaos a los prehistóricos de los Autos Locos o a los Picapiedra, pero en vez de ruedas toscas o los pinreles para coger impulso, un elemento estanco a la par que estable para poder hacerlo flotar sobre las aguas fluviales).


Y así llegamos a Roma, que viene buscando recursos agrícolas y mineros al rico Valle del Guadalquivir, asistiendo a los primeros portus o puertos fluviales donde se embarcaba la materia prima. Los grandes barcos llegarían a Hispalis (Sevilla) mientras que barcazas de calado menor remontarían el río hasta Corduba, e incluso hasta Jaén, siendo la primavera la estación preferida por ser la más estable en la navegación por el Guadalquivir. También sabemos por prospecciones y por fuentes escritas (ya lo menciona el artículo), que el portus de Corduba estaría situado en las inmediaciones del Alcázar, pero encontramos otros puntos donde también tendrían sus propios portus, como son los alfares donde se fabrican las ánforas para almacenar el aceite (la famosa Dressel 20) y que tan bien atestigua los restos del Monte Testaccio (ese gran basurero de envases oleicos) en Roma.

(Dcha: Ánfora dressel 20. Izq: Restos Monte Testaccio)
Uno de los portus más conocidos y que se puede visitar actualmente lo encontramos en la antigua Carbula, o para que nos entendamos, Almodóvar del Río, donde existía toda una concentración de dichos alfares que surtía a Roma de uno de sus bienes más preciados: el aceite, así como la plata de Sierra Morena a cambio de todo un elenco de productos manufacturados que llegaban de la capital del Imperio.
(Portus de Carbula. Almodóvar del Río)
Aunque parece que hay una afluencia menor (o eso nos quieren vender), lo que sí es cierto es que en las etapas islámicas siguió teniendo importancia el río. En los primeros momentos, durante época emiral (siglos VIII-IX), se tiene constancia de la presencia de maestros de ribera, que vivían en la margen izquierda del Guadalquivir ya que, por entonces, el tráfico naval también sería internacional, sobre todo en pleno Califato (ss. X-XI).
En estas etapas islámicas, cabe destacar además, la proliferación de almunias o casas de campo que a veces llegaron a ser verdaderos palacios y que tenían una doble función: la explotación agropecuaria y el recreo. En ellas se han llegado a atestiguar el uso del agua para fines meramente recreativos, desde estanques, canales decorativos y zonas de posible embarque al río, como en la excavación que se realizó cerca de las pistas del aeropuerto, donde se documentó una estructura aterrazada que descendía al cauce original del río y que apareció cubierta de limos debido, seguramente, a una riada similar a la que hubo en 2010 (pero en el siglo XI y posteriores) y que anegó la zona de la vega. Esta almunia tenía además una particularidad: estaba situada justo enfrente de Madinat al-Zahra, centro político, económico y administrativo del Califato cordobés, lo que no es de extrañar pensar que también, esta almunia, podía hacer las veces de embajada y recepción de la nueva ciudad palatina de Abd Al-Rahman III, con toda la opulencia que esto pueda significar.
En los anales del propio Abd Al-Rahman III menciona varias ocasiones la navegabilidad y el buen uso que hacían de la navegación fluvial en época califal, tanto para cuestiones de transporte de materiales como la madera para la construcción de nuevos edificios:
"Era éste [al-Qalafat] muy considerado por an-Nasir, que le
confiaba asuntos importantes y lo mandó a Ahmad b[en] Muhammad b[en] Adhá a
Jaén para hacer que acelerase el envío de madera que para sus edificios se cortaba
(…), aprovechando la crecida del río para hacerla bajar..."
Como por cuestiones bélicas, en un momento en que los vikingos arrasaban la Península, como en Sevilla (sí, arrasaron Sevilla. Dos veces), y por el temor de las incursiones internas a través del río se reforzaron las defensas:
"El miércoles,
quedando 12 días de rayab (21 mayo 938), se pusieron en movimiento río abajo
las naves construidas en la orilla cordobesa, hacia el mar de occidente, para
combatir a la población, sublevada con el rebelde enemigo".
(Apuntar que esta cita es muy posterior a la invasión sevillana. Esta ayuda para combatir contra la población normanda por parte del califa, fue dada a la zona del Duero. Abd Al-Rahman II fue el que mandó a todo un ejército socorrer los saqueos llevados en Sevilla en la Batalla de Tablada).
Con la llegada de los cristianos, aun decayéndose la actividad fluvial, sabemos que ésta duró hasta el reinado de Enirque III, que embarcó desde Córdoba hacia Sevilla en 1402. En esta época, las relaciones comerciales entre Sevilla y Córdoba se hacían por el Guadalquivir, hasta el punto que los barqueros se quejaron al rey D. Pedro en 1360, porque los dueños de los molinos habían construido azudes o barreras para permitir que subiera el nivel del agua para el riego de las acequias y esto impedía el paso de los barcos.
Este monarca pidió que se dejase el paso de los buques, mandando al alcalde de Córdoba que fijase el espacio que tenía que existir para que éstas pasaran. El alcalde dio como regla para este espacio la anchura del arco de la Catedral, llamado Arco de las Bendiciones, que tenía una longitud de 28 pies y se determinó que la profundidad fuese de 6 pies. Este arco corresponde con la denominada ahora Puerta de las Palmas, y que antiguamente se llamaba de las bendiciones por el perdón que se concedía cuando se coronaba un nuevo rey (así que ya sabéis donde acudir a que os perdonen cuando coronen a Felipe VI).
(Puerta de las Palmas. Mezquita-Catedral de Córdoba)
(Continuará...)




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